Un autónomo societario es un trabajador autónomo que ha constituido una sociedad mercantil o empresa de cualquier tipo. La figura del autónomo remite a un trabajador por cuenta propia que organiza su trabajo con sus propios medios y para su propio beneficio, que ha de llevar obligatoriamente una facturación y emitir facturas por su trabajo. No obstante, eso no quita que un autónomo no pueda constituir una empresa sin que su condición fiscal cambie.

O mejor dicho, el hecho de constituir una sociedad mercantil y seguir siendo autónomo su condición fiscal como tal sigue siendo la misma pero con algunos cambios que pueden afectar a su facturación. El régimen jurídico de este tipo de autónomos posee características propias y ciertos matices que conviene conocer, y tanto el funcionamiento como la cotización son diferentes a la de otros autónomos. En los últimos años se han producido ciertos cambios legislativos en relación con esta categoría especial de autónomos que han traído consigo variaciones en los modos de cobrar y cotizar que tienen los autónomos societarios.

Deben darse de alta como autónomos societarios aquellos quien tengan al menos el 25% del capital de la empresa y ejecuten labores de dirección o gerencia. Y el 33% del capital y trabajen en la empresa. Aquellos que no tengan participaciones pero convivan con uno de los socios con el 50% de capital. Una costumbre muy arraigada en las pymes españolas era la de que el autónomo societario cobraba una nómina como cualquier trabajador asalariado.

Utilizar medios propios para realizar la actividad. Su trabajo no puede estar integrado en la estructura organizativa de la empresa como un asalariado cualquiera. En otras palabras: el autónomo societario sigue su propio horario laboral y se organiza las vacaciones a su manera.